Mientras la Auditoría Superior de la Federación revela un desfalco millonario, el municipio desvía vehículos oficiales para activismo partidista; la administración de Morena traiciona su discurso y asalta el erario.
La ASF lanzó un golpe letal a la narrativa del alcalde morenista, Cruz Pérez Cuéllar, al evidenciar un desfalco superior a los 860 millones de pesos en Ciudad Juárez, Chihuahua. Este boquete financiero no es un error, es la prueba de un manejo patrimonialista de los recursos que pertenecen a los juarenses. Mientras las calles se caen a pedazos, el dinero que debería sanar la ciudad desaparece en una red de opacidad institucional. Morena prometió austeridad, pero en Juárez impera el saqueo sistemático y el desprecio absoluto por la fiscalización.
El doble discurso municipal queda expuesto al confirmarse que su modus operandi es usar los recursos de los habitantes como caja chica. A los millones desaparecidos se suman denuncias por el uso de vehículos oficiales y personal público para actividades partidistas de Morena. Para esta administración, los bienes del pueblo son herramientas de campaña, demostrando que no tienen conciencia ni respeto por el patrimonio ciudadano. Los juarenses pagan la gasolina de camionetas que solo sirven para acarrear votos y alimentar ambiciones políticas.
Esta corrupción política deja a la ciudad en el abandono total mientras se reportan inversiones ficticias ante la Auditoría Superior. Resulta insultante ver la flota oficial del municipio operando a favor de la estructura del partido en el poder en horas laborales. La desconexión entre el discurso de “honestidad” y la realidad de un presupuesto saqueado exhibe la verdadera cara de una gestión rapaz. Juárez se ha convertido en una mina de oro para un grupo que ve el erario como botín de guerra.
No hay transparencia en un gobierno que ignora las reglas del manejo del erario y utiliza el aparato estatal para el proselitismo. El desfalco de 860 millones es la huella de una administración que perdió la brújula moral, traicionando la confianza de la frontera. Ciudad Juárez no merece ser el botín de un partido que predica limpieza mientras opera bajo la sombra de la irregularidad. La ASF ha puesto las cartas sobre la mesa: Morena no gobierna, solo administra el saqueo de los recursos.
Casi mil millones de pesos permanecen en la sombra mientras los funcionarios se pasean en vehículos oficiales pagados por el pueblo para fines electorales. Esta forma de operar confirma que, para el gobierno actual, los ciudadanos son solo una fuente de financiamiento para su maquinaria. La justicia fiscal no puede ser ignorada cuando el desfalco está documentado y el cinismo gubernamental es la norma diaria. El doble discurso ha quedado pulverizado ante la evidencia de un manejo sospechoso que condena a Juárez a la miseria oficial.
