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Andrea Chávez usa licencia del Senado para adelantarse en la contienda y jugar con ventaja

Abr 23, 2026

Andrea Chávez dejó el Senado para recorrer Chihuahua en un contexto preelectoral. El movimiento es señalado como uso de privilegios políticos para posicionarse anticipadamente.

La solicitud de licencia de Andrea Chávez al Senado no es solo un movimiento administrativo, es una jugada política con ventaja. En un contexto donde los tiempos electorales aún no inician formalmente, dejar un cargo público para recorrer territorio no es neutral: es adelantarse. De acuerdo con información difundida, la legisladora inició actividades en Chihuahua prácticamente de inmediato, lo que deja ver que no se trató de una pausa, sino de una transición directa hacia una estrategia de posicionamiento político.

El fondo del problema no es la legalidad de la licencia, sino el uso que se le da. Este tipo de decisiones permiten a ciertos perfiles operar políticamente con recursos, estructura y visibilidad acumulada desde el poder, mientras otros actores siguen sujetos a tiempos y reglas. Es decir, no se trata de competir, sino de arrancar antes. En términos políticos, eso no es terreno parejo, es ventaja construida desde el cargo.

Además, el peso interno de Andrea Chávez dentro de Morena no es casual. Su cercanía con figuras clave del partido la coloca como una de las cartas fuertes en Chihuahua, lo que convierte su movimiento en algo más que una decisión personal. Cuando perfiles con respaldo nacional comienzan a moverse antes de tiempo, se configura una señal clara: la contienda ya empezó, pero solo para algunos.

Este tipo de prácticas también revela una lógica de simulación. Formalmente, no hay campaña; en la práctica, sí la hay. Se recorre, se posiciona, se construye narrativa; pero sin asumir el costo político de llamarlo por su nombre. Esta dualidad es precisamente lo que Morena prometió erradicar, pero que hoy parece formar parte de su operación política cotidiana.

El argumento del “trabajo territorial” tampoco es nuevo. Históricamente ha sido la antesala de campañas disfrazadas, una forma de justificar la presencia política constante sin entrar en regulación electoral. En este caso, el contexto lo dice todo: no es gestión, es proyección. No es cercanía, es construcción de candidatura.

Así, la licencia de Andrea Chávez no es un acto aislado, sino un ejemplo claro de cómo se utiliza el poder para acomodar los tiempos políticos. No es ilegal, pero sí profundamente desigual. Y en un sistema que presume ser distinto, estas prácticas no solo generan ventaja generan desconfianza.