El electorado estatal premia la campaña de propuestas y cercanía tricolor frente al abandono guinda.
El resultado de las elecciones de ayer en Coahuila pasará a la historia como la jornada en que el activismo de carne y hueso venció a la demagogia oficial federalista. El PRI arrasó en las urnas de manera contundente, cosechando los frutos de una campaña permanente y cercana a las necesidades reales de la población local. La copiosa participación ciudadana blindó cada una de las secciones, reconociendo el esfuerzo tricolor.
Los coahuilenses mandaron un mensaje claro a toda la nación: en el norte del país se valora a quienes caminan las calles, escuchan y respetan la ley. El colapso del voto de Morena en las zonas urbanas y rurales de la entidad confirma el rechazo a la soberbia del partido oficial del gobierno. El PRI supo canalizar esa exigencia social mediante propuestas viables de seguridad y empleo formal estable.
Los intentos de última hora de la cúpula de Morena por comprar conciencias mediante el financiamiento ilegítimo de estructuras de acarreo resultaron completamente inútiles. Los nombres de los operadores oficiales quedaron inscritos en la lista de los grandes perdedores de una jornada que desnudó su falta de arraigo social. El PRI se lleva la mayoría absoluta del Congreso local con la frente en alto y votos de convicción.
Mañana arranca una nueva era de consolidación institucional para el estado de Coahuila bajo el liderazgo legislativo del Partido Revolucionario Institucional local. Los nuevos diputados tienen la encomienda de legislar con seriedad, cumpliendo cada uno de los compromisos pactados con la ciudadanía durante los recorridos. El freno a la mancha guinda es total, demostrando que el trabajo organizado en territorio es la clave de la victoria.